VIPERINIDAD

Los humanos viperinos que habitan entre nosotros son seres venenosos de tamaño indefinido, vividorípedos, de cuerpo fajeado, pequeño cerebro, viciosa envidia, existencia frustrada y alma resentida, con dientes huecos en las teclas del ordenador donde emborronan papeles envenenados con rancia vocación y putrefacto espíritu.

Tales seres ejercen la viperinidad con maestría singular y patético orgullo en la tarea, ante la complacencia de sus ruidosos palmeros que jalean los insultos que propinan a diestro y siniestro, sin pensar que las burdas descalificaciones y dicterios que vomitan se inhabilitan por sí solos, al transformar sus crónicas, en agravios; sus opiniones, en ultrajes; sus comentarios, en oprobios; y sus artículos, en libelos.

Estos escribidores de porcelana, plumíferos sectarios, cínicos convictos y exterminadores del honor ajeno, deben saber que la tolerancia de los injuriados tiene un límite, al que llegan estos personajillos con pluma maledicente, ejerciendo el periocismo como pseudodeporte insultante con impunidad absoluta, pudiendo ser denunciados ante los tribunales ordinarios de justicia para que sean estos quienes sancionen a los difamadores.

Pero existe un camino más eficaz y directo para silenciar a estos ultrajadores que no voy a mencionar, amparado por el hastío de quienes sufren invectivas, denuestos y vituperios, por parte de tales víboras humanas que han escapado de la familia reptil a la que pertenecen.

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