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MECEDORA VOZ DE MADRE

MECEDORA VOZ DE MADRE

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Habla la madre con voz templada por la madurez de los años, dejándose llevar juventud abajo desde la pasión primera a la serenidad de un amor pleno de certidumbre en íntimo maridaje perpetuo, sin firmar pliego alguno ni sellar requerimientos formales o protocolos congelados en las carpetas.

Palabras menudas con flecos de volantes blancos como vestido de novia y pétalos de azahar volando desde las almenas juveniles al otoño pedregoso de vida, que pretende enronquecer su garganta sin conseguirlo, porque la voz esperanzada de la madre no se deja amedrentar por el aviso taciturno de las agujas del reloj, fortalecida por el amor que golpea las penas sobre el yunque de la vida.

Escrupulosos velos del misterio son rasgados con sus palabras a ritmo del badajo en las espadañas rurales, donde los pajares asistieron un día el encuentro furtivo de dos almas gemelas que más tarde se perpetuarían en la cuna infantil con susurros de amor y placenteras nanas enlagrimadas de felicidad por el beso de los labios que solo enmudecieron al silbo de los pañales.

Voz de miel, adormecedora del llanto en las noches de insomnio, cuando el marfil pugnaba por blanquear el perfil de una boca balbuceante que ignoraba el diccionario, suspendiendo la incredulidad con hilos de felicidad compartida en las alcobas, donde las palabras maternales sustentaban pilares de conformidad, sin pedir nada a cambio.

Años después continúa hablando lentamente para evitar que las palabras tropiecen entre ellas y se lastimen en el aire antes de llegar a su destino viento arriba, donde solo alcanzan los susurros entrecortados, quedando él mirándola, reenamorado de su voz callada, recogida y oracionera, como diluvio de bondad adormecedora del alma

EL PROFESOR EN EL AULA

EL PROFESOR EN EL AULA

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Quienes desconocen la profesión docente deben saber que ir a una sesión de clase es comenzar una aventura imprevisible, porque nunca sabes qué va a suceder cuando aterrizas en el aula y tomas tierra, bajando de la utópica planificación en la soledad de tu mesa, a la realidad.

Al abrir la puerta del aula, comienza la tarea. ¡Y qué tarea! Por un lado, debes motivar a los alumnos, detectar los preconceptos, provocar el conflicto cognitivo, modificar sus ideas previas y consolidar los nuevos conceptos. Por otro lado, tienes que explicar con claridad, promover la participación, atender a los rezagados, evitar la decepción de los aventajados, responder a preguntas, mantener la atención de los alumnos, preguntar oportunamente, hacer puntualizaciones, insistir en las ideas importantes, reforzar los matices, resumir lo explicado, controlar el ritmo, ajustar el tiempo, facilitar materiales y revisar la tarea individual.

Estás obligado a modular el volumen de voz para que se sitúe entre lo inaudible y el aturdimiento. Si eres monótono en la exposición, se dormirán los alumnos, pero si las variaciones de tu voz son excesivas, algunos se perderán. El vocabulario ha de ser rico y adecuado, pero comprensible. Tener buena dicción, evitar las muletillas, adecuar las pausas, hacer los cortes oportunos y relajar la clase en su momento.

Si los gestos son muy moderados pueden resultar inexpresivos, pero si los exageras haces el ridículo. Si el ritmo es rápido se pierden los alumnos menos aventajados, pero si es lento se te van de las manos los del extremo opuesto. Con desgana no alcanzas motivación, pero con excesivo entusiasmo, el mote está garantizado.

Debes presentarte ante los alumnos relajado y tranquilo, aunque acabes de salir de un conflicto dos segundos antes, o lleves sobre la espalda un grave problema personal. Pero, además, tienes que ser imaginativo para dar soluciones. Certero en las aclaraciones. Creativo en las propuestas.  Equilibrado en las apreciaciones. Justo en las valoraciones. Mediador en los conflictos. Dialogante ante los problemas. Autocrítico con tu tarea. Comprometido con tus ideas. Y moderado en las expresiones.

Y, por si esto fuera poco, has de esforzarte, y esforzarse mucho, -algunas veces hasta la santidad-, en ser respetuoso con el alumno descarado; tolerante con el desobediente; educado con el descortés; comprensivo con el despistado; amable con el impertinente; prudente con el soberbio; paciente con el provocador; flexible con el intolerante; despierto con el adulador; ágil con el pícaro;…. y simpático con todos.

Todo esto hace el profesor en las sesiones de clase varias veces al día, siendo desconocido por muchos ciudadanos y criticado por el sector social que sólo mira para sus hipotéticas vacaciones, deseando que comience el curso cuanto antes para que el profesor tenga que aguantar a treinta jóvenes como el hijo que a ellos se les hace insoportable.

PAÍSES SIN VOZ

PAÍSES SIN VOZ

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En el reparto geoeconómico que han hecho los países norte dejando al sur de la vida a los más pobres, queda claro que muchos de estos son realidades fantasmales que sólo cuando les azota una singular desgracia son observados compasivamente por el norte, sin que estos hagan el amago de echarse la mano al bolsillo para ayudarles a salir de las arenas movedizas que amenazan con devorar a los sureños.

Países como Botswama, Eritrea o Rwanda, no aparecen en las pantallas televisivas salvo que a un rey le dé por ir a matar elefantes a su territorio, se mutilen entre ellos, el ébola los desangre o el hambre haga estragos entre la población, porque sin catástrofes excepcionales estos países no existirían ni sus habitantes merecerían un renglón en las páginas de periódicos norteños.

Sólo aparecen en los medios de comunicación cuando una inundación se lleva pueblos enteros de una comarca, el fuego devora sus montes, una epidemia diezma la población o el SIDA hace de las suyas en miles de cuerpos sin futuro, pasando en pocas horas al más absoluto anonimato aunque sucedan a diario tragedias que harían enmudecer al mundo si sucedieran en países del norte.

Así sucede que llena más páginas de periódicos y abre más telediarios en todas las cadenas televisivas la noticia de la muerte de un niño atropellado en una calle madrileña, que el fallecimiento diario de 25.000 personas de hambre por faltarles un mendrugo de pan que llevarse a boca.

En este reality show del sur, los desgraciados no aparecen en la tele, salvo para verlos morir en directo con el objetivo de la cámara apuntando directamente a la burla de una sociedad que consuela su indiferencia lamentándose de la desgracia ajena, pero sin alzar los brazos ni coger el hazadón.