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OBJECIÓN DE CONCIENCIA

OBJECIÓN DE CONCIENCIA

Hacen espinosa la decisión de objetar, los principios de libertad, conciencia y ley que conforman la negativa a obedecer mandatos contrarios a las propias convicciones personales, en ciudadanos con pensamiento libre que viven en un país organizado con leyes promulgadas por sus vecinos.

Es, pues, la objeción de conciencia el principio moral que sustenta la rebelión ciudadana, cuando las personas se niegan a cumplir leyes artificiales con fecha de caducidad, contrarias a universales leyes naturales que determinan los comportamientos humanos.

¿Tienen los poderes públicos capacidad para exigir a los funcionarios del Estado el cumplimiento de leyes dictadas por ellos, si éstas son contrarias a las convicciones personales de quienes deben cumplirlas?

¿Merecen sanción quienes se niegan a traicionar su íntima conciencia, incumpliendo dictados externos, leyes y órdenes de sus vecinos, que confrontan y colisionan con su personal modo de sentir, vivir y creer?

¿Merece arresto un policía que se niega a reprimir manifestaciones ciudadanas que piden pan, trabajo y justicia para los hambrientos, parados y desahuciados, objetando razones de conciencia?

¿Merece suspensión un juez que se inhibe o evita el desahucio de un ciudadano desesperado, negándose a cumplir una ley centenaria, injusta y caduca, rechazada por su conciencia y ética profesional?

¿Merece sanción un médico que atiende a un “sin papeles” contraviniendo el eufemístico “Decreto Ley de medidas para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud”, siguiendo el código deontológico dictado por su conciencia?.

VIERNES DE DOLORES

VIERNES DE DOLORES

Es difícil encontrar mayor prueba de identidad ideológica entre el gobierno popular y la cuaresma católica de la mostrada por los validos gubernamentales, que han transformado las reuniones semanales del Consejo de Ministros, en viernes de dolores para los ciudadanos, donde a la incertidumbre del castigo que se nos viene encima se une el dolor de la sanción, sin que nadie pueda redimirnos de un pecado que nunca cometimos.

No obstante, tiene su gracia al macabro dolor de amanecer cada viernes con la duda de saber si al terminar la asamblea de la Junta Recortadora, mantendremos la ropa o quedaremos sin calzoncillos, descamisados y con los pantalones en la mano, – es decir, en paños menores -, por efecto de un nuevo tijeretazo, tan lacerante como inesperado.

El actual gabinete está consiguiendo hacer realidad el cuento de la ratita, llevándonos de recorte en recorte y de susto en susto, a la espera del hachazo definitivo que termine por decapitar el pequeño resto de esperanza que nos queda en una salvación imposible.

Lo que no sabemos es si nos quieren dulcificar el tormento dándonos los recortes a pequeñas dosis semanales, o si el ejecutivo no sabe por dónde va y camina improvisando sobre la marcha los tajos, a la espera de un milagro celestial que no llegará nunca.

No obstante, deben tener cuidado los leñadores que cortan y dan leña, porque tanta  agonía interminable puede terminar con la rebelión de los agonizantes, dispuestos a quemar las naves para que no puedan ser utilizadas por quienes navegan en ellas aumentando cada viernes la desesperación de galeotes condenados sin causa, sin culpa y sin razón.