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Etiqueta: pétalos

VERANO DEL 42

VERANO DEL 42

primer-amor-300x225Requerido por la sed, el amor declina otro verano del cuarenta y dos desde las almenas marinas al contorno de las orquídeas y despliega su aroma sobre la almohada azul de los años juveniles, sin esperar a cambio más milagro que el advenimiento de la novedad primera requerida por el beso furtivo en los maizales.

Así pues, la entrega se hace irremediable en la mocedad de los pañuelos de satén, condecorada por dedos luminosos con la diadema que sostiene como rehén un racimo de nuevos sentimientos, llegados del misterioso país de la felicidad, cuando una caricia destila agitaciones anímicas y convulsiones del espíritu desconocidas hasta el día del nacimiento a la nueva vida que espera tras el guiño del amor.

Comienzan inesperadamente los deseos a trenzar fechas, nombres y proyectos, en melenas por peinar, y los corazones viven la abundancia de la aurora en los trigales, sin prevenir el advenimiento de lo inesperado tras el encuentro casual con la mitad de vida que faltaba por encontrar entre los sueños perdidos de la infancia.

Por fin, la margarita descubre a la inocencia el secreto que guarda entre sus párpados, y responde a los interrogantes con un poco de viento, antes que el azahar disipe temores verdecidos en con estanques de lágrimas felices con pétalos de flores inexistentes hasta producirse el milagro de la intromisión en el santuario, consagrando el futuro al siempre incierto extramuros del encuentro.

Es entonces cuando el jazmín retiene en su cáliz la savia que derramó la manzana al desflorarse, en espera de ser convocada por el silencio para prestar a los labios dos palabras, mientras el velo del misterio descubre en las miradas el bienestar de los cuerpos habitados en mutua pertenencia.

GRACIAS, SALVADOR

GRACIAS, SALVADOR

Retrato blog

El escritor francés Antoine de Saint-Exupéry nos dijo por boca del principito, que no hace importante a la rosa su aroma o la belleza de sus pétalos, sino el tiempo que a ella se dedica, cuando se contempla la galanura que la hermosea y el seductor soplo perfumado que nos embriaga.

Algo que me ha sucedido a mí sin remedio de olvido ni alternativa para abandonar la memoria, porque debo agradecer a Salvador su generosidad, no por el retrato al óleo con que me ha sorprendido, sino por el tiempo que me ha dedicado, desde que recibí su ofrecimiento, de incalculable valor por el entrañable afecto que en él ha vertido.

Imposible de agradecer al mejor retratista de Salamanca que haya puesto su mirada sobre mi rostro durante horas, para ilustrar con sus pinceles sobre el lienzo un retrato que me dará larga vida en un cuadro sobreviviente a mi desaparición inevitable, cuando la innombrable comience a subir los escalones de esta bitácora donde habito.

La generosidad de Salvador me deja sin palabras para expresar el agradecimiento que siento, y sin posibilidad de corresponder a tanta desprendimiento, porque cuando la amistad entra por la puerta los vicios morales salen espantados por la ventana.

Tanta donación es fruto del noble y desinteresado afecto que nos une, alargándose en una doble eternidad desde el día que me llamó por teléfono para decirme que me pasara por su estudio, sin prevenirme sobre la feliz sorpresa que allí me esperaba.

Permíteme, Salva, que comparta este retrato con todos aquellos que me estiman, sin que yo haya hecho demasiados méritos para recibir su afecto, porque en ocasiones no he dado de mí todo lo que esperaban, otras veces se decepcionaron con dislocadas actitudes mías y en algún momento les molestaron mis comentarios, aunque mi intención fuera otra.

Desde hoy tu-mi retrato me acompañará en esta cabecera de mi vida que cada día cumple el gratificante oficio de saludar a los amigos reales y virtuales que visitan la casa que desde hoy compartirás conmigo, porque te has ganado un espacio en mi historia, el reconocimiento por tu afecto y mi gratitud sincera por la amistad que me has brindado, sin esperar nada a cambio.

BELLEZA

BELLEZA

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La belleza comparte con el amor la vocación de eternidad, sintiendo ambos el pálpito emergente de la sorpresa, complaciéndose en el esplendor de la sensualidad, virtualizando triviales experiencias cotidianas y hermanándose en la lindeza de lo contemplado, porque amar no es otra cosa que ver algo hermoso y querer compartirlo con la persona amada.

El deleitoso placer de la belleza camina desprevenido a saltos por la vida, presentando su tarjeta de visita inesperadamente, disfrazada de anónimos gestos fraternales, pinceladas en el lienzo inmaculado, descorbatados arpegios espontáneos, siluetas en la arcilla virginal o sorprendentes guiños de la naturaleza.

La belleza es preludio de redención para quien la descubre en la sonrisa infantil, la pupila emocionada, el golpe de silencio sobre la patena salobre del océano, el armiño de las cumbre nevadas, la esperanza de las praderas verdecidas o el pétalo preludio de la fruta que se abre al beso de la primavera.

En cambio, la vulgaridad mental, el desprecio espiritual, la tosquedad de los números, el abuso mercantil, la procacidad de la vida y el mirar sin ver, ponen tupidos velos a la belleza que despunta en los atardeceres, cuando enrojece el crepúsculo en el horizonte del mar, el polen fecunda las corolas o el vuelo de las aves se torna apareamiento.

Acompañad a la belleza, amigos, acompañadla en su peregrinar por la indiferencia de la vida para evitar su lamento desconsolado cuando suspira abandonada en la soledad estéril del mercadeo, enlagrimada al no poder observarse a sí misma reflejada en las pupilas que se contemplan.

¿ QUÉ ES POESÍA ?

¿ QUÉ ES POESÍA ?

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Qué es poesía, le preguntaban ayer las ondas de radio a una adolescente que mecía los versos en la lozanía de su juventud, con la misma inquietud que el poeta de rimas se hacía esa pregunta, y voy a desesperanzarla diciéndole que poesía no es la enamorada cuando clava su pupila azul en el iris de su enamorado.

Tampoco es poesía aquello que en el verso queda, como dijo el de Tábara, cuando se avientan las palabras que lo forman y pierde los caireles de la rima,
 el metro, la cadencia 
y hasta la idea misma. Ni siquiera es poesía la manifestación de la invisible belleza puesta al descubierto en estrofas aromatizadas con ensoñadores pétalos.

Si la poesía fuera expresión trivial de íntimos sentimientos, convertiría la estética en exhibicionismo. Si pretendiera ser arte poético encristalado, moriría en su intento por mantenerse en la ortodoxia del diccionario. Y si intentara idealizar líricamente la belleza con el alfabeto, sería un esfuerzo baldío porque en el intento perdería su nombre.

Transformada en creación dócil, la poesía se disfraza de harapos. Destilada en el serpentín especulativo, huye a los trigales para refugiarse en el seno de la espiga. Cristalizada entre algodones se evapora por las alcantarillas sociales. Y licuada por la erudición, nunca toma la forma del recipiente.

No es la poesía refugio de alas, ni sigiloso nidal, ni ponedero feliz, ni cavidad bulliciosa, ni crisálida en capullo. Ni siquiera pregonera de secretos, cantos enjaulados, hija de temblores, heraldo de nostalgia, o vuelo de humo que se diluye en sentimiento puro y deshojada idea.

Si tampoco es la poesía vaguedad de niebla, anclaje de esperanzas, reservado cenáculo de sentimientos, bullicioso silencio, soñadero conmovido, helado fuego, pequeño mundo, paraíso perdido, ni estremecimiento, pálpito, escalofrío, caricia, beso o denuncia, ¿qué es, pues, la poesía?