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INJUSTA DESIGUALDAD

INJUSTA DESIGUALDAD

La vida de los seres humanos es algo así como un gran paréntesis entre la cuna y la tumba, dentro del cual las injustas diferencias existentes desde el nacimiento entre seres de la misma especie es notoria, significativa y determinante de su sus historias personales.

A los desafortunados en el reparto, les queda el triste consuelo de que el citado paréntesis se abre y se cierra con dos acontecimientos vitales que a todos iguala, sin diferencia alguna. El nacimiento nos homologa biológicamente porque todos nacemos de igual forma. Y la democrática muerte nos nivela por la eternidad de eternidades, en un alarde de justicia social distributiva, ajena a las leyes artificiales que benefician descaradamente a los poderosos.

Es obligado hablar de la influencia concluyente que representa la cuna en la vida de las personas en tiempos de fronteras sociales, porque la cuna hace a unos afortunados y desgraciados a otros, sin que los unos hayan hecho méritos para tener una vida de regalo y los otros demérito alguno para ir arrastrándose por el suelo durante toda su vida, salvo que hagan un esfuerzo desproporcionado para salir del túnel por el que no pasaron los favorecidos, procediendo ambos, unos y otros, de la nada.

Quienes despiertan al mundo desprotegidos de los beneficios que la vida concede a otros en el aleatorio privilegio de la cuna, no les queda otra opción que seguir el camino churchilliano empedrado de sangre, sudor y lágrimas, para alcanzar la meta donde los privilegiados llegan en limusina.

Esto ayuda a comprender que quienes viajan a lomos de la fortuna en montura de organza, se nieguen a llevar en sus espaldas a los otros y pretendan mantenerse a horcajadas sobre los privilegios que han heredado sin esfuerzo alguno.

MÉRITO DEL PUEBLO

MÉRITO DEL PUEBLO

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Cuando todos los gobiernos, cancillerías, políticos, sindicalistas y ciudadanos han desgastado sus manos aplaudiendo al hombre que hizo posible el milagro en Uruguay, yo me inclino reverencial ante el pueblo que lo eligió para ello, porque es del pueblo el mérito de la resurrección en ese país, por su inteligencia y capacidad para votar al líder que los condujo al lugar donde aspiraban todos llegar.

Dejadme que os hable de este sencillo pueblo republicano formado por tres millones y medio de personas, que habita una pequeña región tres veces inferior a la España en el cono sur americano, con clima templado apto para la ganadería y la agricultura, con el más bajo nivel de analfabetos de toda Latinoamérica, que tiene el privilegio de ser el segundo menos corrupto y el tercero con mayor desarrollo humano.

Dejadme que os hable de un pueblo que tiene la más equitativa distribución de ingresos, el Producto Interior Bruto más elevado por habitante, el cuarto con la más alta esperanza de vida, el más pacífico, uno de los más verdes del mundo, donde mejor se vive del cono sur y el más democrático, bautizado por los indígenas con el guaraní nombre de Uruguay

Dejadme que os hable de la sabiduría de un pueblo que supo elegir al dirigente más elogiado en todas las latitudes. Un pueblo sabio, templado, prudente y con memoria colectiva para no dejarse embaucar con cantos de sirena electorales. Un pueblo feliz, agradecido, leal y envidiado por quienes habitamos en la piel de toro, buscando entre nosotros un Pepe Mújica que nos libere de la politiquería, la corrupción y la mentira.

VIRGEN CONDECORADA

VIRGEN CONDECORADA

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El señor Fernández, a la sazón católico ministro del Interior y supernumerario de la Obra de Dios, ha tenido a bien conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial a la Virgen Nuestra Señora María Santísima del Amor, maridando así creencias personales con gestión pública, obviando la aconfesionalidad del Estado y contraviniendo la Ley sobre Condecoraciones Policiales, aunque la distinción otorgada tenga carácter honorífico.

Dicha Ley establece en su artículo 4 que para recibir tal medalla es preciso ser miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado o hacer actos relevantes en defensa del orden, de las personas o de la propiedad. Condiciones que dicha Virgen no cumple, salvo que el ministro demuestre al pueblo lo contrario, teniendo en cuenta que los milagros y la intransferible fe religiosa personal no validan intenciones ministeriales.

Por otro lado, en su artículo 5, dicha norma jurídica exige que los receptores de la Medalla concedida a la Virgen, hayan muerto en acto de servicio, sufrido mutilaciones, heridas graves, deformidades o inutilidad, incluyendo también el haber realizado servicios trascendentales que hayan puesto de manifiesto excepcionales cualidades de patriotismo, lealtad y abnegación, actuando ejemplarmente con valor, capacidad, eficacia y extraordinario mérito. Algo sin constancia pública de que haya sido realizado María Santísima del Amor.

Teniendo en cuenta que esta Virgen no reúne los requisitos exigidos por la ley para merecer esa Medalla, parece conveniente retirarle la máxima distinción policial otorgada y entregársela a cualquiera de los policías que se juegan la vida y dejan la piel en su trabajo con esfuerzo, solidaridad y sacrificio, velando por nuestra seguridad y la del templo donde se venera la imagen virginal.

El libro de cabecera de los miembros pertenecientes a la Obra les recuerda en el pensamiento 499 que María Santísima quiso siempre pasar inadvertida, como una más entre todas las mujeres de su pueblo, por lo que rechazaría el protagonismo social y las distinciones políticas. Igualmente, en la reflexión 507 advierte el santo José María a sus seguidores sobre la humildad de la Madre Santa María que no se dejó ver entre las palmas de Jerusalén.

Además, la palabra de Dios desautoriza el maridaje entre leyes humanas y divinas, ordenando a los creyentes (San Mateo, 22,21) dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, por lo que debe resultar poco complaciente para la Virgen esta medalla honorífica, pidiendo la Madre de Cristo a sus fieles que mejor cumplan la doctrina de amor al prójimo predicada por su hijo, donde no tienen cabida las concertinas, ni las mentiras, ni las exclusiones, ni los hacinamientos, ni la represión de quienes piden pan y justicia social evangélica.

MEDIOCRIDAD

MEDIOCRIDAD

La realidad confirma que nuestro problema no es la deuda pública y privada, ni el rescate, ni las autonomías, ni el euro. Ni siquiera el egoísmo natural del ser humano o su capacidad para mentir son responsables de la decadencia moral y falta de compromiso ético que convierte a los animales racionales en terribles depredadores de su especie.

Es la falta de mérito y capacidad de los dirigentes sociales lo que nos ha llevado al sótano donde estamos encerrados sin posibilidad de redención a medio plazo. Es la ineptitud de los polítiqueros lo que hace imposible la salvación, pues han optado por la dedocracia, exigiendo a los dirigentes el débil mérito de llevar carnet entre los dientes y logotipo en la solapa.

Mediocridad se llama esta grave epidemia que padecemos, para la cual no se ha descubierto vacuna ni tratamiento alguno, porque quienes tendrían que aplicar los medios para erradicar la pandemia son los propios beneficiarios de su expansión, y no están dispuestos a inmolarse para salvarnos de sus continuos disparates y mamoneo.

A esta situación degenerativa no se llega en pocos años, porque la contaminación existente afecta a todos los sectores sociales, donde se ha infiltrado una legión de incapaces a decidir por los demás, careciendo de los más elementales criterios para ser rectores.

Hoy muchos mediocres dirigen centros educativos, gerencian hospitales, administran bienes comunes, ocupan sillones oficiales, dictan sentencias, presiden sociedades, regentan empresas, lideran sindicatos, gobiernan entidades, capitanean fuerzas de seguridad, encabezan listas electorales, acaudillan sindicatos y  controlan medios de comunicación

En un país gobernado por mediocres, donde los ciudadanos brillantes provocan repulsión, todo se explica: que los cerebros emigren, los banqueros sean insaciables, la Iglesia guarde silencio, los chistes consuelen la desgracia, se limite la libertad, se manipule la información, se mienta impunemente, la justicia no sea ciega, prolifere la basura televisiva, falten ideas y los pícaros se aprovechen de la situación.