Navegando por
Etiqueta: idolatría

HABLA BUDA

HABLA BUDA

Buda

Con la resaca del Lunes de Pascua a flor de piel encerada con velas, con penitentes y capirotes por los adoquines, cofradías encofradas a las imágenes que patrocinan, “bailes” del trono en el folclore procesional, liturgias tridentinas, dolorosas e incomprensibles penitencias y “oficios”, es buen momento para mirar otras creencias que consideran idolatría lo que para católicos es religiosidad popular.

Es la fe responsable de que las montañas se muevan, los pollinos vuelen, la paradisíaca vida eterna celestial exista y la creencia de los fieles en lo que no han visto se haga certidumbre, como es el caso de la resurrección celebrada ayer, fundamento, justificación y sostén de la doctrina católica.

Quiero, pues, concluir mis meditaciones sobre los santos días pasados, con las siguientes palabras de Buda, por si algún lector de esta bitácora quiere hacer uso de ellas:

“No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios en otras épocas. No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone cayendo en la trampa de pensar que Dios os inspira. No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen  de la razón y a la voz de la conciencia”.

PROCESIONES

PROCESIONES

Comienzan las procesiones y con ellas las críticas de muchos ciudadanos a los populares cortejos de imágenes por las calles, oficios piadosos con reminiscencias paganas aderezadas por extrañas mortificaciones corporales.

Lo que para unos son fetiches de pueblos primitivos, para los creyentes son imágenes religiosas que tienen los mismos poderes sobrenaturales que los antiguos atribuían a sus ídolos. La idolatría que algunos ven en la veneración a deidades, contrasta con el sentimiento de quienes participan en esos actos guiados por firmes convicciones arponadas en sus corazones desde la cuna.

En todo caso, no puede negarse a tales exhibiciones de fe carbonera el valor de mantener una tradición vinculada a los gremios, cuando éstos se agrupaban en calles para defender sus intereses, asociándose con fines piadosos bajo la protección de Jesús, una Virgen de tantas como hay o el santo patrón de la cofradía.

Ahora se mantienen los actos de culto, aunque se hayan abandonado las obras de beneficencia, y continúan procesionando imágenes con la misma rivalidad de las primeras hermandades, desde que perdieron en el siglo XV su carácter profesional en beneficio del sentimiento vocacional.

¿Por qué incomoda a muchos que las personas oculten su rostro bajo el capirote mientras exhiben su penitencia cargando cruces, arrastrando cadenas y caminando descalzos? Es la forma que tienen los nazarenos de mostrar su devoción o de agradecer favores recibidos en el mercadeo de la fe. Qué le importa a nadie la verdad o mentira de la intervención divina si quienes tienen que creérselo, se lo creen, por penoso que parezca.

Muchos de ellos asisten al sermón de las siete palabras; doce mil al antihigiénico besamanos y besapiés de imágenes; otros tantos irán a los Vía Crucis con garbanzos en las rodillas; y la mayoría a las procesiones. Ya sé que no todos acuden con las mismas intenciones, pues algunos van atraídos por el folclore; otros para satisfacer una curiosidad; bastantes para arrodillarse ante las imágenes; y unos cuantos a sacrificarse ante la imagen del Cristo justiciero y vengativo en el que creen. Y sé también que esto carece de sentido para los iconoclastas que condenan tan caduco fetichismo.

No falta quien se pregunta qué pintan las fuerzas de seguridad y el ejército junto a esos grupos escultóricos, y se me ocurre decir que van a su lado para protegerlos ya que algunos son auténticas obras de arte. Pero no sé realmente por qué van desfilando en el cortejo, ya que podían vigilar de forma más discreta y menos engalanada. En todo caso, dejadme deciros que la mayoría de los descreídos son beligerantes con todo esto, pero no voy a contradecirme reprochándolo.

IMAGENOFOBIA

IMAGENOFOBIA

 

IMAGENOFOBIA

No voy por el camino de la iconoclasia ni creo que los iconoclastas vayan con la brújula bien orientada, porque no se trata de romper artísticas imágenes religiosas ni de perseguir a quienes las veneran, como en el siglo VIII hicieron los bizantinos con León III a la cabeza, destruyendo todas las representaciones de Jesús, María y miembros del santoral, de forma radical e indiscriminada. No, no se trata de eso.

Pero no me parece lejano del sentido común rechazar el culto y veneración de imágenes, pues tal actitud tiene más de idolatría que de latría, aunque los católicos que practican semejantes reverencias estén en desacuerdo con el fetichismo que condenan, sin saber que lo practican.

El ser divino o esencia divina que adoran como deidad es merecedor de latría, o sea, de la reverencia y adoración que se tributa a Dios. Pero queda para los pueblos primitivos el culto a los fetiches, ídolos u objetos a quienes atribuían poderes sobrenaturales.

Declararse imagenofóbico – aunque el diccionario no incorporé esta voz – no es un delito, sino el primer síntoma de salud mental religiosa y compromiso teológico, pues la tarea de pintores y escultores no debe llevarse a la divinización mística ni concedérsele más méritos que los artísticos, si los tuviera.

Por otro lado, esos rostros sanguinolentos, esas coronas de espinas, esos latigazos y cuantas torturas se han representado siguiendo la voz de  algunos evangelistas, no son del todo verdad porque no se infligían torturas ante la pena de muerte.  A los romanos les bastaba con burlarse de sus víctimas disfrazándolas de payasos o de reyes. Los investigadores consideran que las torturas fueron descritas por los evangelistas para satisfacer las profecías bíblicas que hablaban de un futuro Mesías escarnecido y torturado.

Sin pretender vulgarizar sentimientos ni herir la sensibilidad de los creyentes celestiales, recuerdo a los adoradores de imágenes que los tallistas y pintores utilizaban en muchos casos como modelos para sus cristos, vírgenes y santos, a familiares y personas reales – no siempre de honrada condición social – para facilitarse la tarea.

Esto nos lleva a preguntarnos  sobre la cara que pondrían los fieles si supieran que sus lágrimas, peticiones y rezos van dirigidas al  “malafacha”, “isoponcia” ,“pichote” o “Pepa la malagueña”, que tantas veces consoló ardores a Fernando VII. Tallas policromadas que una vez bendecidas y santificadas por el la capa pluvial y el hisopo se hicieron hueco en los altares, reservándose Juan de Juni, Berruguete, Salzillo, Carmona, Montañés, Mesa, Mora, Benlliure o Ávalos, la identidad de sus modelos o descubrirnos que fueron esmerado fruto de su imaginación.