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ANIVERSARIO TELEVISIVO

ANIVERSARIO TELEVISIVO

Hoy se cumplen 62 años de aquel lejano domingo 28 de octubre de 1956 cuando se encendieron por primera vez las cámaras de Televisión Española para enviar imágenes a los seiscientos aparatos receptores importados que había entonces España, porque los Philips, Telefunken y Grundig  iniciales no se fabricaban aquí, y sólo estaban al alcance de muy pocos afortunados.

Por eso, tantas narices se pegaban a los cristales de los escaparates en las tiendas de electrodomésticos, transformadas en gratuitos cines mudos, donde nos agrupábamos  hasta las diez de la noche, hora de recogida para oír en familia el “parte”, fraudulento y propagandístico diario hablado del régimen.

La radio permitía que cada uno permaneciéramos alrededor de la camilla, en nuestro sitio; pero con la televisión llegaron los codazos y las disputas familiares para ocupar el mejor sitio en el salón, manteniéndose el sillón patriarcal en lugar privilegiado, frente a la pantalla blanquinegra con la carta de ajuste incluida.

Recordemos que la primera presentadora de éxito que tuvimos fue la joven, hermosa, simpática y cercana Rocío Espinosa, que se haría famosa con el nombre de  Laura Valenzuela. Digamos también a los posmodernos que en aquellos tiempos heroicos todos los programas se hacían en directo dentro de la “caja de zapatos” situada en el Paseo de la Habana, donde Cubero dio el primer noticiero y Mariano Medina pinto con tiza las nacientes isobaras, antes del primer programa de variedades protagonizado por Tico Medina.

Los jóvenes aficionados al fútbol deben saber que el partido del Madrid contra la Fiorentina celebrado  en 1957 fue grabado en Florencia. Matías Prats salió del estadio a uña de caballo hasta el aeropuerto, se montó en un avión con los rollos bajo el brazo, se revelaron éstos en Madrid y se emitió el partido por la tarde. Para que llegara el primer directo tuvimos que esperar hasta el 15 de febrero de 1959 para ver el Real Madrid – Barcelona.

Recordemos también que la primera película emitida contaba la romántica historia de una emperatriz llamada Sissi. Y la puerta de los play-back  fue abierta en 1958 por Gustavo Pérez Puig, divulgando Zarzuelas.

Desde entonces el receptor de televisión ha ocupado un lugar privilegiado en todos los hogares españoles. Su pantalla es una ventana abierta al mundo donde la cultura tiene cada vez menos cabida, la información objetiva brilla por su ausencia, la manipulación campa por sus respetos y la basura se expande por los rincones de las casas contaminando el cerebro de muchos españoles, con un hedor a podredumbre que espanta al más común de los sentidos.

Por eso, cada día es mayor la añoranza de mis quinteros por aquellos magníficos programas que ocuparon nuestras horas frente al televisor, porque a ellos debemos algo de lo que hoy somos. Los Balbín, Serrano, Puig, Hermida, el Capitán Tan, Franklin, Asís y tantos más nos dejaron imborrables recuerdos de La Clave, A Fondo, Estudio-1, La Zarzuela y otros. Por eso, les ruego que “disculpen la interrupción y permanezcan atentos a la pantalla” con la esperanza de que algún día vuelvan programas que conjuguen formación y entretenimiento; diversión y cultura; respeto y libertad. Que así sea.

EPPUR SI MUOVE

EPPUR SI MUOVE

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Galicia con sus meigas y conjuros es buen lugar para recordar el humillante castigo sufrido por Galileo, simplemente por defender una realidad demostrable y cierta, en contra de las predicciones bíblicas anunciadas por los escritores del libro sagrado bajo desacertada inspiración divina.

“Yo, Galileo, hijo de Vincenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años, postrado ante vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales, en toda la República Cristiana, ante los sacrosantos Evangelios, que toco con mi mano, juro que siempre he creído, creo aún y, con la ayuda de Dios, seguiré creyendo todo lo que mantiene, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia, reniego de la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve”.

Con estas palabras, el anciano sabio Galileo abjuró en el romano convento de Minerva, de la teoría heliocéntrica para librarse de la prisión perpetua, tardando la Iglesia cuatro siglos en reconocer el abuso, la humillación y el error que cometió con el científico, por mucho que dijeran que la Biblia establecía la inmovilidad  de la Tierra en el centro del Universo.

Cuenta la tradición que Galileo dijo tras la abjuración : “Eppur si muove”, es decir, “¡Y sin embargo, se mueve!”, algo sin visos de certidumbre, que solo pudo decir con el pensamiento o a su perro, porque de lo contrario hubiera descansado en cárcel inquisitorial hasta el final de sus días, condenado por una Iglesia de evangélicos y tolomeícos geocéntricos, que vencieron y condenaron a los certeros heliocéntricos, con ayuda de la Inquisición y el apoyo incondicional del cardenal Belarmino, que incineró vivo a Giordano Bruno con ramas de olivo en una hoguera.

Actitud detestable de una Iglesia que cercenaba de raíz el progreso científico, contravenía violentamente los evangelios, abusaba de la ignorancia popular, imponía la doctrina a cristazo limpio y conculcaba derechos básicos, con la bendición apostólica de los representantes de Dios entre los hombres, mientras el pueblo resignado cumplía los mandamientos.