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CHE GUEVARA

CHE GUEVARA

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Con la joven fortaleza de sus 39 años, el cuerpo del luchador por la libertad Ernesto Che Guevara, fue perforado el 9 de octubre de 1967 en la Escuela de La Higuera por un matarife boliviano, siguiendo órdenes del agente Félix Rodríguez: “… Mandé al sargento Terán que efectuara la orden. Le dije que debía dispararle bajo el cuello, ya que así podríamos probar que había muerto en combate. Terán pidió un fusil y entró a la sala con dos soldados: Cuando escuché los disparos anoté en mi cuaderno 1:10 pm”.

Ignoraban los ejecutores que con esa muerte inmortalizaban al revolucionario más popular del siglo XX, que colgó la bata y el fonendoscopio en la percha de la resignación, para cruzarse dos cananas sobre el pecho y salir a campo abierto con la solidaridad por bandera.

Personaje que despierta pasiones encontradas, pero aceptado como símbolo de relevancia mundial. Para sus partidarios representa la lucha contra las injusticias sociales, la rebeldía y espíritu incorruptible. Siendo para los detractores un revolucionario responsable de múltiples asesinatos.

Comandante ideólogo de la Revolución cubana, que llevó la lucha armada por la liberación del tercer mundo a varios países de América latina y al Congo. Héroe venerado y agitador contra el poder instituido, que se ha convertido en símbolo de revolucionario por los derechos ciudadanos. Luchador contra las injusticias sociales, rebelde frente a los explotadores y generoso en su entrega a los desfavorecidos, que mantuvo espíritu incorruptible en medio de la miseria.

LO SIENTO, TENGO QUE MATARLE

LO SIENTO, TENGO QUE MATARLE

Se cumplen hoy cuarenta y cinco años de la captura y asesinato en Bolivia de Ernesto Che Guevara. Ídolo popular y romántico guerrillero que pretendió llevar hasta el último rincón del tercer mundo, la revolución cubana.

El ordenante de su muerte fue el agente dela CIA Félix Rodríguez y el ejecutor el sargento Terán, cumpliendo ambos un mandato de la autoridad que les exoneraba de toda responsabilidad. Tiene gracia. Ninguno de los tres fue siquiera juzgado, librándose de toda culpa el ordenante, el intermediario y el ejecutor.

Tal vez, las últimas palabras que el médico asmático Guevara escuchó fueron las del sicario Rodríguez, cuando le dijo: “Mi comandante, lo siento, son órdenes superiores”. Llamó entonces al sargento y señalándole el cuello le ordenó: “Dispare de aquí para abajo, porque se supone que este hombre ha muerto en combate”.

Terán disparó dos ráfagas de metralleta, cayendo el Che al suelo con las piernas rotas y el corazón destrozado.

Esto sucedió un triste, inolvidable y sangriento 9 de octubre de 1967, cuando las balas concedieron vida eterna al mito y los oprimidos del mundo juraron una venganza social que aún permanece en la sala de espera, porque el miedo ha paralizado sus voluntades  y la antorcha revolucionaria del Che sigue apagada, rodando por el suelo camino de la nada.