SIN INTENCIÓN

También en la convivencia diaria se producen daños colaterales a terceras personas, – sin intención de causarlos -, que pueden afectar severamente el estado de ánimo de quienes los sufren, especialmente si éstos son amigos a los que no se quiere perjudicar, sino todo lo contrario.

A veces, la precipitación y el excesivo celo por la verdad, – aunque se trate de cosas menores -,  se ponen de acuerdo para estimular acciones que el sosiego y la meditación desaconsejarían.

A veces, las vísceras se adelantan unos pasos al cerebro, pulverizando gotas de sangre sobre personas inocentes, que no merecen las salpicaduras que les llegan.

A veces, la lectura precipitada de un artículo que llega de improviso, impide ver el nombre del autor que lo firma, y las inexactitudes que contiene hacen presa de la voluntad del lector, cegando su cordura.

A veces, somos tan torpes y tan radicalmente humanos, que sobre nosotros domina la cualidad que menos espacio debía tener entre nosotros. Porque el error que con tanta frecuencia acompaña nuestras acciones, es el peor compañero de viaje.

Pero es entonces cuando el diálogo se abre paso; el perdón viene a repararlo todo; y la presencia del olvido aleja de nosotros las sombras, restaurando las heridas que dejó el yerro.

De nada valdría caminar juntos en esta vida, Antonio, si no fuera posible la redención. Gracias.

 

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