EL ERROR DEL MENOSPRECIO

Quienes piensen que las manifestaciones de pensionistas en todas las ciudades españolas es un asunto menor, se equivocan peligrosamente demostrando una incapacidad incuestionable para el análisis y la reflexión, porque solo la ignorancia y la desmemoria pueden dictar las opiniones vertidas por algunos dirigentes políticos, voceros tertulianos y escribidores de corta pluma.

Alguien tendría que advertir a las cabezas rectoras de nuestras vidas que muchos de los pensionistas puestos en pie de guerra para defender sus intereses, son los mismos que tomaron las calles en defensa de los interés comunes de todos los españoles, cuando en la piel de toro la libertad eran quimera inalcanzable.

Alguien tendría que decirle a los líderes del auxilio que antes de salvar entidades financieras, autopistas radiales en desuso o castores abusivos, por ejemplo, hay que rescatar a los ciudadanos de la pobreza, sobre todo si los necesitados fueron quienes pelearon por las necesidades de los demás en tiempos no lejanos.

Alguien tendría que decirle a los desmemoriados y olvidadizos que quienes lucharon generosamente por todos en su juventud cuando tenían mucho que perder, no van a cejar en su empeño por defender intereses propios cuando lo tienen todo perdido.

Alguien tendría que decirle al recaudador mayor del reino que pedir un incremento salarial acorde con la subida del IPC no es nada anacrónico ni trasnochado, porque la supervivencia es un instinto humano irrenunciable que lleva a los hambrientos a jugarse la vida cuando su vida está perdida.

Alguien tendría que decirle a las especuladores de las urnas que en democracia nueve millones de ciudadanos en pie de guerra son invencibles, porque con sus votos pueden sentar en la Moncloa a quien se ocupe de salvarlos.

Alguien tendría que decirle al resto de la ciudadanía que la demanda de los pensionistas es asunto que afecta a todos, porque solo se librarán de la pensión quienes abandonen este mundo anticipadamente por indeseable designio de la vida.

Alguien tendría que decirles a los directores de la orquesta social nacional que las manifestaciones de los pensionistas en todas las ciudades españolas no son fuegos artificiales de cuatro yayoflautas despistados, recordándoles que la historia de los pueblos advierte que los ciudadanos golpeados son peores que felinos heridos, y son muchos los españoles que están mutilados y al acecho, sin que los padres de la patria se den por enterados con su autoaumento salarial, subestimando el origen y consecuencias de las revoluciones.

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