BORBONES ABDICADOS Y RESTAURADOS

El comentario de un popular tertuliano televisivo elogiando con entusiasmo desmedido la estabilidad de la monarquía borbónica, obliga a contraponer una reflexión histórica que nos acerque a la realidad de los hechos, porque las cosas no fueron como él las contaba, siendo fácil imaginar al actual rey mirando al techo de su dormitorio por las noches, recordando las idas y venidas de sus antepasados en la historia, confiando en no ser el próximo emigrante forzado.

Don Felipe Juan Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, casado con la periodista Letizia Ortiz, llámase Felipe VI, por el V, que fue primer Borbón; Juan, por su abuelo paterno; Pablo, por el materno; Alfonso por el bisabuelo; y de Todos los Santos para complacer al santoral entero.

Aprovechando que llegó al trono por abdicación de su protegido, millonario y mujeriego padre, es bueno recordar las idas y venidas borbónicas desde que la saga asentó sus reales en el trono de España, poniendo atención solamente en el periodo que va desde mediados del siglo XIX hasta el momento presente.

En este tiempo los borbones españoles han ido de un lado para otro sin sentido, como abanicos de tonta, pero manteniendo el trono sus herederos, para que en la Casa quedara el derecho a heredar la pesada carga de ostentar la máxima autoridad de la nación, con las renuncias y sacrificio que ello representa, sin beneficio alguno para él, como decía el tertuliano aludido.

Comenzó la supuesta estabilidad borbónica ponderada por el palabramentario periodista, con la ninfómana Isabel II que salió corriendo desde San Sebastián al país galo, cuando la Revolución de 1868 apagó de golpe su furor uterino, obligándola a rubricar en París la abdicación real a favor de su hijo Alfonso, mientras la familia real italiana se frotaba las manos viendo a don Amadeo coronarse rey de nuestros antepasados.

Fue la restauración monárquica promovida por el general Martínez Campos la que puso al joven juerguista, tabernario, jugador de naipes y enamoradizo Alfonso, en el trono de España, desembarcando  este en Barcelona tras seis años de exilio para coronarse rey con el XII romano de apellido, restaurándose así la dinastía borbónica en España.

Su hijo póstumo, Alfonso XIII también tuvo que salir a uña de caballo el 14 de abril de 1931 camino de Marsella y París, tras 44 años de reinado, incluidos los que su madre Mª Cristina le sustituyó en la tarea hasta que el niño cumplió los dieciséis años, renunciando a la jefatura de la Casa Real a favor de su hijo Juan.

Franco restauraría de nuevo la monarquía en España con la Ley de Sucesión de 1947, permitiendo al hijo del rey sin reinado, ceñirse la corona en 1975, sin que el legítimo heredero reinará en España, forzando la renuncia de don Juan a la corona en 1977 con lágrimas en los ojos y maldiciendo a Franco por la fechoría que le hizo apartándole del trono que le pertenecía.

Finalmente, el rey-padre abdicó también en el guapo y rubio heredero, culminando así la carrera borbónica de abdicaciones y restauraciones iniciada por Isabel, la del manojo de amantes.

Esta entrada fue publicada en Diario breve y notas en el camino. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *