ALARMAS LUCRATIVAS

¿Alguien recuerda  los temblores del mundo ante una posible pandemia producida por la gripe aviar detectada en Vietnam hace once años que apenas ha llegado hoy a las cien víctimas mortales?

Llegó la alarma y como vino, se fue, una vez que los promotores de la idea hicieron caja, porque no hemos olvidado que el Tamiflu, tan recomendado por Bush para hacer la guerra preventiva al virus,  multiplicó el capital de su Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, máximo accionista de la empresa que lo vendió a Roche.

Podíamos decir algo parecido de la encefalopatía espongiforme bovina, o de la mortal gripe A,  que obligó a construir almacenes especiales donde guardar millones de vacunas requeridas por un irracional pánico colectivo, terminando muchas de ellas en el estercolero.

Enfermedades que llegan, alarman a los ciudadanos, enriquecen a unos cuantos y desaparecen sin dejar rastro de su paradero.

Negocio del temor que reserva sus acciones bursátiles a privilegiados estafadores que llenan sus repletas arcas hasta rebosar, comerciando con el miedo ajeno.

¿Cómo se explica que nuestro país fuera apartado en 1960 del comercio internacional de carne de cerdo por una interminable e inexistente peste porcina prácticamente erradicada en 1989, que prolongaron artificialmente en el tiempo los países competidores hasta el 6 de noviembre de 1995 en que el Comité Veterinario de la Unión Europea declaró libre de ella todo el territorio español?

 

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