A VUELTAS CON LA SENTENCIA

De todos los hechos que suceden en la vida, sean buenos o malos, conviene extraer enseñanzas, con objeto de repetir los aciertos habidos y enmendar los errores detectados, porque de no hacer esto último se multiplicarán los disparates en experiencias futuras, con peores consecuencias cada vez.

La sentencia dictada contra el hato de ganado compuesto por la manada humana de cinco garañones sin descapullo mental, que van por la vida al acecho de carne fresca para consolar su calentura en nocturna caza furtiva, ha puesto de manifiesto el siguiente decálogo de enseñanzas:

  1. Que los jueces y magistrados tienen algo que ver con la lentitud de la justicia, que tantos beneficios reporta a ciertos encausados y daños causa a la justicia, manteniendo en tribunales a togados reiteradamente sancionados por demorar sentencias, debiendo las autoridades poner a trabajar a los servidores públicos gandules o mandarlos a su casa a descansar.
  2. No todo lo legalmente posible, técnicamente justificable y jurídicamente argumentable, es admitido y comprendido por la sociedad donde se aplican las decisiones judiciales, requiriéndose un esfuerzo legislativo que haga posible el acercamiento de ambos extremos.
  3. Si la ciudadanía, los juristas, las instituciones, entidades y asociaciones nacionales e internacionales censuran una sentencia judicial, algo habrá que hacer para que esto no suceda, más allá de las alegaciones jurídicas esgrimidas para justificarla.
  4. En un Estado de Derecho, conviene adecuar las leyes para que las resoluciones judiciales se ajusten todo lo posible al sentido común de los mortales, de forma que la libertad de interpretación de las mismas ocupe el menor espació posible en la decisión de quienes deben aplicarlas.
  5. El hermético corporativismo judicial es peligroso bumerán que puede terminar golpeando la cabeza de la judicatura, porque podría pensarse que obedece al compromiso implícito y oculto del “hoy por ti y mañana por mí”, poniendo al descubierto carencias morales y profesionales, nada deseables en el colectivo judicial.
  6. Un ministro reprobado y sin pruebas que justifiquen sus descalificaciones personales, puede ser tan peligroso como un tornado, por lo que convendría retirarle el bastón de mando para evitar que siga golpeando sin explicar la causa de sus bastonazos.
  7. Cuando el pueblo no comprende las sentencias judiciales; los magistrados no entienden las protestas ciudadanas; están en desacuerdo los juristas; y guirigaguean los periodistas en medio de tanto “jolgorio” y “regocijo”, habrá que hacer algo para que esto no suceda y todos se entiendan.
  8. Si la oscuridad, déficit o ambigüedad del Código Penal facilita sentencias opuestas al sentimiento común y su interpretación es contraria a la lógica convencional, urge modificar dicha norma para evitar interpretaciones judiciales contrarias a la concepción general de la vida práctica.
  9. Por dura, clara, firme y argumentada que sea una sentencia o el voto particular a la misma, debe utilizarse un vocabulario respetuoso con la situación y las personas, alejado de la terminología coloquial empleada en mentideros, tabernas, salas de espera, tertulias burlescas y patios de vecinos, donde predomina el “jolgorio” y “regocijo”, por mucho que las palabras empleadas figuren en el diccionario, sobre todo si el juez solo habla a través de las sentencias que dicta.
  10. En definitiva, debemos aprovechar la situación creada con la recurrible sentencia a la manada para mejorar el democrático Estado de Derecho, estando obligados los poderes del Estado a tomar medidas en esa dirección, porque de lo contrario estaremos abocados a un Estado de Deshecho, con todas las cárceles ocupadas solamente por “robagallinas” como dijo la máxima autoridad judicial, mientras los estafadores, evasores, corruptos, garañones, yernos azulados y demás especies depredadoras siguen campando impunemente por sus respetos.
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