PICARESCA POSTMODERNA

Los pícaros son personajillos genuinamente españoles, protagonistas por méritos propios de un género literario muy nuestro y definidor del alma hispánica, como son los toreros, las celestinas o los bandoleros de Sierra Morena, siendo la picaresca conducta dominante en la piel de toro durante los últimos siglos.

Pero la truhanería dominante hoy día incorpora una vulgaridad ajena a la gracia mostrada por los granujillas de la picaresca surgida en la transición del Renacimiento al Barroco, donde los guzmanes de Alfarache y lazarillos de Tormes gozaban de simpatía popular por sus fechorías de guante blanco.

La picaresca moderna ha salido de los arrabales para instalarse en colmenas urbanas vecinales, en grandes superficies comerciales, despachos profesionales e instituciones públicas. No se viste de harapos, ni mendiga en monasterios, ni finge cojera, ni tima con estampitas.

Tampoco la practican apátridas menesterosos, ni charlatanes de feria, ni sopistas de conventos, ni cómplices de trileros, porque hoy es madre de la codicia, hija de la golfería, hermana de la mentira, pariente del abuso, allegada de la procacidad, amiga de la impunidad, compañera de la insolencia, vecina del descaro, inseparable de la desfachatez y aliada del atrevimiento.

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INQUICENSORES

Opinar en voz alta tiene el peligro de ser escuchado por capitidisminuidos inquicensores, herederos directos de intolerantes actitudes inquisitoriales mezcladas con espuelas censoras dictatoriales, pretendiendo llevarnos a las más casposa sociedad represiva de tiempos indeseables, donde la condena podía llegar no por lo que se decía, sino por lo que el inquisidor pensaba que se decía, aunque no se afirmara lo que el caciquillo opinaba que se decía.

Por denuncia de ensoberbecidos, frustrados, envidiosos y rencorosos colegas del claustro, Fray Luis de León fue condenado a prisión durante cinco años, hasta demostrarse que la malévola lectura hecha por los denunciantes sobre la traducción realizada por el agustino del Cantar de los Cantares para su prima, nada tenía que ver con lo que el fraile pensaba.

Siglos después, refería Unamuno en sus críticas a los inquisidorcillos políticos, que las normas impuestas por ellos eran desdichados preceptos, origen de abusos y secuela de arbitrariedades, para satisfacer los caprichos de un poder apoyado en el miedo colectivo, donde se manejaban las voluntades de sumisos fiscales sometidos al patrón.

Aplicando funestos criterios derivados de semejante estatuto legal, fueron cerrados periódicos y condenadas personas por delito de opinión, en muchos casos no por lo que decían sino por aquello que los déspotas suponían que decían, recordando el caso de un capitán del ejército que dijo autoritariamente a un soldado:

– Se está usted riendo de mí.

– No, mi capitán.

– No, por fuera, pero sí por dentro, que yo lo veo.

– No, mi capitán.

– ¡Cómo que no! Queda usted arrestado.

El macartismo no es buen camino a seguir en una sociedad plural, libre y democrática, por mucho que el añejo reaccionarismo se empeñe el volver a lejanas épocas rancias, ya condenadas por la historia y desterradas de la sociedad por ciudadanos que aspiran a vivir en libertad.

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CLASES DE MUERTOS

Consuela saber que las 400 bombas láser vendidas a Arabia Saudita, son material bélico de alta precisión que solo mata seres humanos previamente seleccionados, sin daños colaterales que exterminen a personas alejadas del rayo láser, porque ante la muerte no somos todos iguales; es decir, que si la bomba mata a sujetos sentenciados todo va bien, reciben felicitaciones los matarifes, aplausos los ordenantes del exterminio y dinero los mercaderes de la matanza.

Por eso, masacrar a 29 niños yemeníes a bombazo limpio, nos lleva a los golpes de pecho; pero si son sus padres los descuartizados, el éxito es reconocido, aunque la orfandad sea más dolorosa que la propia muerte del progenitor, porque el asesinado deja de sufrir, y a los hijos les queda el dolor de la miserable vida que les espera.

Beneplácito, pues, aunque los niños abandonados en la cleptocrática Saná, pasen toda su vida mendigando por las calles, durmiendo al abrigo de rincones y compartiendo mendrugos con los perros en las desiertas ruinas de Sayhut, Mocha o Aden, siendo presa fresca para depredadores sin escrúpulos que les pondrán un fusil en sus manos a cambio de un jergón y tres mondas de patatas.

No obstante, siempre queda a los mercaderes la macabra posibilidad de negociar con Abd Rabbuh Mansur al-Hadi la acogida de niños huérfanos yemaníes, como refugiados en el país de los vendedores de las bombas que han descuartizado a sus padres, siendo irónicamente inaceptable negarles una litera en los CARs. donde se hacinan los desheredados.

Para evitar más problemas bélico-comerciales entre las partes contratantes de las bombas láser matanceras, cabe sugerir al saudí rey Salmán que compre bombas neutrónicas para garantizar la aniquilación total de personas, preservando intactas las casas, puentes, dólares, corderos, trenes, pozos de petróleo y mezquitas, porque esos explosivos solo matan congéneres, limpiando las ciudades de miserables ratas humanas.

Quienes ordenan las matanzas y aprietan botones deben saber que la vida es el don más preciado de los bípedos humanos, y privarles violentamente de ella es el mayor delito que cometerse puede, por muy degradante que sea el comportamiento de los aniquilados, inmoral su actitud, deleznable su violencia, indecente su cinismo y obscena su conducta.

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IN MEMORIAM

Tuvo Manuel Calvo Úbeda corazón grande, honestidad en bandolera, sabiduría con toga, alma generosa, cultura inquieta, memoria para el olvido, ágil pluma, espíritu disconforme, talento sustancial, vitalidad oratoria y fortaleza acorazada para luchar por la justicia.

Siendo la muerte inseparable de la vida y consecuencia de ella, no es posible acomodarse a su presencia por más que anuncie con antelación la visita, sin sublevarnos ante nuestro efímero paso por el mundo, sabiendo que impondrá su negra voluntad a nuestra inalcanzable aspiración de eternidad.

En el cementerio de cruces que guardo en el corazón desde niño, donde reposan las personas queridas que han partido, clava hoy la parca su estaca poniendo un aspa en la vida de mi querido Manolo, con vocación de permanencia en la memoria de quienes tuvimos ocasión de convivirlo, amigarlo y disfrutarlo, cuando entre nosotros estuvo.

Un nuevo manotazo tan cercano como certero, nos ha hecho rodar por la desesperanza, ante la huida de quien tuvimos cerca estimulando nuestro ánimo con tertulias inacabables, certeras reflexiones, generosidad de alma, sabia cordura y respetuosa discrepancia, que pincelaron de amistad nuestro camino hacia la paz y buen entendimiento.

Fue Manolo hombre de bien en su caminar por la tierra, que seguirá peregrinando en la memoria de quienes compartimos su vida, negando resurrecciones en consoladores paraísos celestiales, anunciados por el profeta en infantiles catequesis, sin propósito de enmienda.

Incansable en su empeño por estrechar amigos y enlazarlos, reunía a los jesuses con afanoso celo en el café mediamañanero del Bianco, donde acudía este intruso cariñosamente acogido y requerido para compartir fraternal tertulia, con receta asada de manzana reineta que el hortelano brindaba, tras cambiar la secretaría judicial por tierra jerteña.

Murió Manolo sin hacer públicas las cuartillas escritas durante años, hoy dormidas en carpetas precintadas por el silencio, donde hablaba sobre los grandes temas de la vida, como me dijo por teléfono poco antes de morir, advirtiéndome que la vida era simplemente un usufructo del cual gozábamos pasajeramente hasta que la parca nos llevaba al país de nunca jamás, donde el sueño imposible vigila la frontera para impedirnos llevar al otro lado lo que no sea recuerdo en la memoria de quienes nos amaron.

Ocupan espacio en mis estanterías varios libros puestos allí por él, y es buen momento para releer juntos el “catolicismo comentado a las ovejas”, y sonreírnos con respetuoso humor de lo contenido en sus renglones, como hicimos algunas tarde estivales en nuestras vecinas residencias de Varikyno, parando el tiempo en los relojes y haciendo de la tertulia un monte de Tabor donde agrupar a los buscadores de esperanza alejados de su paradero.

Hoy también doblan las campanas por muchos de nosotros viendo marchar a un gran humanistas de la abogacía salmantina, lector incansable en su tebaida doméstica, donde María Pilar puso todo lo necesario para hacer hogar, en medio de querellas, reclamaciones, herencias, defensas, capitulaciones, arbitrajes, representaciones y sentencias, entremezcladas con noches de insomnio, infatigable trabajo, decepciones judiciales, fatiga crónica, renuncias familiares, … y grandes satisfacciones, hasta hacer del despacho un santuario, donde el patriarca hubiera querido morir con un legajo entre las manos.

Vaya el testimonio público de sincera gratitud por su amistad, mi respeto a su honestidad profesional, la admiración a su obra, mi gratificación por su estímulo constante, el devoto reconocimiento a su empeño en leer mis libros y la gratitud por revelarme secretos de su alma grande, sin merecer por mi parte tanta generosidad.

Pierde Salamanca un talento natural, experto jurista, escritor anónimo, vecino singular, mentor de aprendices, juicioso ciudadano y sabio vital, que con su testimonio de honradez personal y celo profesional supo conciliar seriedad y simpatía, detestando el caciquismo para darnos oportunidad de seguir sus pasos.

Hijo de Miróbriga, que emigró a la capital norte arriba tras pasar por el seminario, en busca de futuro, conquistado en territorio hostil, siendo hombre machadianamente bueno que desafió el futuro con toga recién estrenada, sin padrinos, mecenas ni patronazgos.

Enemigo de pompas, vanidades, chatarrería social, halagos gratuitos y escaparate. Amante de la amistad y defensor de la verdad, hizo Manolo del trabajo su deleitosa religión esforzándose a ello cada día en incansable horario, acuciado por la gran pasión de su vida, a la que todo dio y de ella fue deudor, levantando con su trabajo un futurista puente a Eduardo, Elena y Charo, dignos continuadores y albaceas de su legado.

Como saben los que conmigo están, se me ha muerto de un zarpazo Manolo Calvo, prestigioso jurista, corazón descreído y hombre honrado, con quien tanto conversé, ideas compartí, deshonestidad condené, cinismo reprobé, noticias comenté y amistad disfruté, convencidos ambos que la vida es usufructo pasajero, obligándonos la muerte a emprender el gran viaje sin llevarnos nada de lo logrado y ligeros de equipaje con don Antonio, casi desnudos, como los hijos de la mar.

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EL TALISMÁN DE PABLO

El “poderoso” Turrión y su homónimo ferrolano Posse fundador del PSOE, se diferencian nominalmente por el apellido materno, presentándose el primero ante el público con pelo largo y raquítico bigote para distinguirse del padre de la UGT, que lucía generoso mostacho con bucle y pelo corto sin coleta que permitiera a los opositores identificarle por su larga cola, espalda abajo.

Pero no reside en la coleta de Pablo la fuerza de tan joven profesor, como le sucedía al bíblico Sansón; ni es su punto débil el talón, como le pasaba al mitológico Aquiles. No.

El marido de Irene tiene siempre un talismán en la mano con poderes mágicos que le otorga empuje, templanza y sabiduría, cuando le enfoca una cámara de televisión o vuela la alcachofa periodística hacia su boca, porque sin ese fetiche sería incapaz de articular palabra o resistir la desenergetización de Dalila Montero.

Semejante amuleto protector es un elemento básico de escritura en forma de bolígrafo, rotulador o lápiz, comprado en el supermercado Alcampo, donde se vende en lotes de cincuenta por paquete, de diferentes colores y con fácil descapuchamiento, que protege la punta de la sequedad intelectual que rodeó a su propietario al confundir el plató de Piqueras con el de Sálvame, para contar intimidades impropias de su condición y talento, hablando de la recuperación de sus mellizos, Leo y Manuel.

Pues bien, si Pablo hace girar entre sus dedos el alargado bolígrafo sobre su eje, no hay peligro; es para aquietar los nervios, simulando envolver hebras vegetales en papel fino como sustituto de lo apetecible. Tiene más peligro cuando empuña el tótem en la izquierda internacionalizando una canción revolucionaria.

Si Pablo pasa el cilindrín despreocupadamente de una mano a otra, tampoco es anticipo de puntillazo; simplemente está jugando con él, sin concentrarse en las preguntas, aunque ponga cara de póker en cada una de ellas.

Si Pablo sostiene el fetiche entre el pulgar y la palma de la mano derecha, enfrentándolo a la palma de la izquierda, es que va a aplaudir con las dos manos en la cara del interlocutor.

Si Pablo da toquecitos en su mano izquierda con el talismán sujeto en la derecha, es preludio de garrotazo al tocahuevos que le está importunando, por extensa que ponga la sonrisa.

Si Pablo mira de frente a la cámara con gesto serio, entrecejo fruncido y agresiva mirada, apuntando el amuleto hacia el plasma, es antesala de un disparo virtual a todo el que se mueva.

Si Pablo cruza la deidad entre los labios es para pedir silencio a los críticos y paciencia a los incondicionales; pero si lo introduce en los labios es para amenazar al disidente con tragarse sus palabras.

Si Pablo enarbola al aire el omnisciente protector adoptando postura de clérigo con los brazos abiertos, es que va a bendecir con alguna maldición a los azulados que pretenden decolorar su sangre con pétalos rosados.

Finalmente, si Pablo toma el bolígrafo con la mano derecha para escribir, deben temblar aquellos que señale con el dedo índice de la mano izquierda, porque los tiñe de cal en los escaños, separa a los “rivereños” que están entre los “voxes” o suelta un “tertschazo” judicial a los deslenguados.

¡Ah! Obsérvese que habitualmente sostiene el instrumento en la mano derecha, para arrear con la izquierda a la Derecha.

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NEGRA INTRAHISTORIA VIAJERA

Muchos acontecimientos difundidos sobre ciertos aspectos relacionados con experiencias humanas, no cuentan la realidad escondida en renglones ocultos de las páginas de la vida, que permanecen inexistentes para quienes no han tenido oportunidad de ver la cara oculta de los hechos que se esconden en el reverso del incompleto relato divulgado.

Tal es el caso de los viajes turísticos a otras tierras, mares y cielos alejados del lugar de origen, ofrecidos en seductores folletos publicitarios de agencias, donde se muestran personas felices sonriendo con mar de fondo acompañado de placenteras estampas exclusivas, paradisíacas playas, obras de arte, edificios singulares, exóticas comidas, lujosas estancias y guías-acompañantes eruditos y protectores.

Pero esa realidad esconde otra verdad protagonizada por gamberros impertinentes que molestan a los viajeros, exceso de comida abandonada en los platos camino del basurero, noctámbulos ebrios perturbando el descanso ajeno, pugna por conseguir el metro cuadrado de playa y codazos recibidos sin miramiento en la captura del rancho-buffet, para satisfacer incontrolable gula depredadora y despilfarradora.

Tales brochazos propinados por el ruidoso, minoritario e incontrolable grupo de vándalos apátridas infiltrados en rutas y hoteles, embadurnan el rostro justo, amable y necesario de la socialización lograda de bienes reservados tradicionalmente a una clase social privilegiada, no mereciendo estos descerebrados disfrutar de tal conquista, aunque tengan dinero para conseguir la entrada a un espacio inmerecido por ellos.

A la pesimista intrahistoria viajera protagonizada por tales berzas indocumentados, cabe añadir los escandalosos precios de la hostialería turística, las colas interminables de acceso a espacios singulares, los timadores de guante blanco que asedian sin reparo, las cansinas esperas para innumerables controles, el incumplimiento de programas o los abusivos cambios de moneda, por citar algunas caras ocultas que los optimistas desinformados censuran a quienes las denuncian, llamándoles pesimistas amargados, y permitiendo con su silencio la impunidad de tales hechos, sin que los depredadores del bienestar, los abusadores del ocio y los explotadores de la necesidad, reciban el castigo que merecen.

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EL RIESGO DE DISCREPAR

El discrepante que vocea públicamente lo contrario a la opinión escrita en la peana de los patriarcas, corre el riesgo de acabar chamuscado en la hoguera, porque una de las asignaturas pendientes en este país es la incapacidad de los mandamases para aceptar críticas sinceras y honestas opiniones contrarias a las suyas.

Hoy se condena al discrepante, no se respetan voces ajenas, se imponen criterios con amenazas y se condena sin juicio a los opositores, porque no acabamos de aceptar palabras alternativas, impedidos por una prepotencia injustificada y sordera crónica, causas de la pandemia moral que se extiende por las cúpulas políticas, sociales, financieras y laborales.

En ellas se impone el sectarismo y son legión quienes declaran enemigos a los que no piensan como ellos, siendo tal actitud una forma sutil de inquisición que anula todo espacio para el encuentro, impide los acuerdos y cierra puertas al entendimiento.

Discrepar en este país tiene más peligro que caminar con los ojos vendados por un campo de minas, pues a la primera de cambio pintan con sangre de cordero el dintel de la puerta del discrepante, dejando claro que tiene más acogida el granuja adulador, que el crítico honrado.

Hablo del pensamiento divergente que acompaña a quienes ejercen el noble oficio de pensar, analizar la realidad y opinar sobre ella. Hablo de quienes refutan la autoridad, encausan arbitrariedades, contradicen al jefe, desvelan fechorías, impugnan decisiones injustas, condena abusos del amo, desatiende caprichos del director, rectifica al patrón o denuncia la incompetencia del poderoso.

Quienes realizan estas tareas han de estar dispuestos a recibir anatemas, a pagar el costoso tributo de la marginación, a sufrir venganza y a ser borrado de la fotografía por “moverse”, siendo estos críticos empujados hacia el despeñadero social por quienes van por la vida con un guijarro de la mano dispuestos a lapidar al primero que no esté de acuerdo con ellos, liquidando las discrepancias a sartenazos y colgando al disidente el sambenito, preludio de la pira inquisidora.

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